miércoles, 18 de marzo de 2009


Son tan misteriosos como siempre,
El lunfardo se cuela en la sangre,
Y el mezcladito les divierte.
Los pibes del barrio corretean la suerte,
Y los viejos suicidas la esperan urgente.

Ay! Señora extraña, es que esta usted dormida?
¿En que recodo olvido al amor de su vida?
Se resigno a vivir su vida metódica
Como si todo fuera esperable,
Y aquel señor, todavía la espera relinchando.

¿Le cuento su historia?, no sabe las cosas que pasó ese muchacho.
Lo he visto en hoteles, cines y teatros, vago por las calles, y vivió en un bar, donde la veía venir y escribía para usted muchos relatos.

Se topo con cada uno, la gente que conoció no tiene idea, pero yo lo convencí de convencerla, así que espereme un ratito, que primero a la justicia.
Y antes de adentrala en sus noticias, quisiera presentarle sin modestia a sus sátrapas, secuaces y suicidas.

A veces voy a ser yo a veces usted,
A veces le voy a contar de ellos,
A veces ellos le van a contar de usted
A veces voy a ser el hablándole,
A veces le voy a recordar como le hablaba usted.

Y no le estoy pidiendo permiso,
Que la modestia es un mal que padecí,
Gran empresa me he venido a conseguir
Para curarme el espanto de no saber como vivir.

Así que si no es por usted
Entonces es por mí,
Que en ese agujero no me quedo,
Y ese señor, que es Febo,
Se me esta muriendo y no lo voy a permitir.

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