jueves, 15 de enero de 2015



Belleza

La belleza del cuerpo humano es un misterio. Como todo misterio resiste argumentos y apologías. Es un atajo a un estado especial del alma, la beatitud del espíritu. El acceso a una perfección natural, por lo tanto divina, provista por algo ajeno a la voluntad del hombre, que nos captura en una esperanza que trasciende los muros representativos del mundo de cada quien. Hay detrás de esa belleza una síntesis que se extrapola así misma, y descubre una dimensión donde la mirada se hace consistir en fenómenos de urgente trasvasamiento. Es como querer irse de la cárcel propia, a otra quizá mas terrorífica. Pero irse a ese punto, sintético y dramático que la perfección consigue, cuando puede sacarse de si misma el desgarrador detalle. La armonía de la belleza, invita a la imaginación de un fluir constante, de un camino sin fin, de un destino mas allá de ella misma. De un punto de no retorno, de un éxtasis profundo, de un olvido del si mismo.

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