Bosquejos
La fatalidad del arte, la experiencia traumática de representar algo, de reinventar algo inventado. Soporta la personalidad de uno, dice de las molestias de la actualidad. Se hace actual una construcción, que retomada desde lo eterno se la rebaja a un tiempo sincrónico, rítmico, soberano. Como si de las manos del esclavo se arrancara la corona de espinas, para que él, sufriente y contemplativo, vea, en la nueva hazaña un horizonte posible. Vea, allí, donde emerge nuevamente la vida la promesa de liberación a la que se ve condenado. Luego el llanto de las furias por estar o no a la altura del hecho. Matices de un encuentro temporal, con sello propio, con un discurso soportado en una moral de contrabando, de un haberse hecho desde la nada, ajustándose a una demanda de mundo en un pozo de cielo.



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