Existencia
Todo lo que viene de ahora en más son los detalles placenteros. El cuadro ya irradia por si mismo una luz especial. Cuenta con la novedad de trazos que dan cuerpo a formas no calculadas, y con las figuras deseas torneadas bajo la intención esperada. Ya no podría ser de otra manera. Ya es por si mismo, tiene su identidad, su cuerpo, su aura, su inmanencia propia. Ya es así, solo podría ser mejorado, en sus sombras, en sus contrastes, en su perspectiva. La veña para un pintor de que su cuadro existe es que en algún rincón las sombras despeguen de la imagen y oferten a la mirada un punto de fuga absolutamente periférico de su intención principal. Allí esta el ángel, mientras que sus demonios buscan afanosamente la captura de la imagen principal. O viceversa.


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