Posible
Los primeros trazos, duros, quebrados, entrecortados, van cediendo a la doma del movimiento, la adaptación a la situación de pintura, es tan potente como la asimilación de cualquier lazo social novedoso. Pintar es un lazo social, una manera de conquistar los recovecos de un encuentro impredecible, que se hace con las expectativas, con las imposibilidades y con las sorpresas. Hay un lenguaje que se cifra, una sustancia que se hace existencia, una seducción que adormece, y un impacto único, cada vez que el retoque desafía a la profanación de los logros, pero esa cara insistencia, ese quiebre del limite al hacer, promueve la serie de movimientos venideros, que darán mayor libertad a la linea, y mayor contundencia a la intención. Ya solo mira un niño, el venidero, el porvenir. Dios parece allí plasmado, dejándose tocar, y el aquí y ahora del pintor mide hasta donde se atreve a adorarlo.


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