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Se toma una decisión. El suspenso del momento retuerce las ansias. Luego se cae en el terror latente de la locura inminente, la mente pasa rapidísimo por el juicio de realidad, ¿un absurdo?. Represión, percepción de la energía. Una se considera dispuesta. Suficiente. Un hondo respiro concluye el juicio. Se ordena el espacio. Se busca la nada. Sucede muy rápido. Todo lo que se pensó hasta allí se traduce en acción, a todo lo que se teme en detenimiento. El primer freno, es frente al espacio dispuesto. No hay nada mas que futuro. Cierta humildad gana la escena, cierto placer laborioso conduce las primeras sensaciones de ridículo. Luego todo se alza en un vuelo, se siente una poseída por algo mas allá, que pide o que da, que instruye o que complica, que sublima o que desafía. Se esta ahí, con pasos ansiosos uno tras otro, cuando ya se sabe que se quiere conseguir. Se esta ausente, cuando la nada tiñe el propósito aun no develado. Se salta estrepitosamente frente a la idea, que nunca parece un invento, que nunca parece propia, que siempre es del viento.
El nombre propio cae a un costado. Se transforma la sustancia etérea en un hombre histórico. Las manos estrujan el tiempo, la visión se conmueve ante la maravilla, las vísceras se enamoran, la mente reclama en los laberintos mas.
Con la cabeza estrellando el muro, con el corazón cazando nubes, con las manos cortando flores, con la imaginación narrando cuentos, por fin, al fin... se esta pintando.


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